no tan soez

Sunday, July 12, 2009

mi otro blog

*




"laboral"

aquí








*

Sunday, May 17, 2009

esta nota de clarín me da miedo. internet blablabla me parece una revolución comparable a la imprenta si querés e infinitamente mejor por llegar a más gente, ser más barata y por la -obsoleta ya?- anárquica y hermosa cualidad 2.0 que nos permite bueno, todo lo que ya sabemos. (se impone un paréntesis por dos razones, a. todo muy lindo pero sabemos que son muchos más los millones que se quedan afuera que los que tecleamos desde la paz de nuestro hogar, b. tampoco es que seamos gran cosa ni que la cultura humana valga taanto la pena. si nos borra un meteorito de la faz de la tierra qué sería al fin y al cabo lo más lamentable, que el krill y el plancton no lean el ulises ponele? bah) pero bueno, dado que estamos aquí y ahora y es domingo y leemos con aplicación los diarios dominicales, vuelvo a la nota ciber que me me da mala espina. conocida de todos es la pasión estadounidense por simplificar y uniformar y reducir al mínimo toda labor que implique un esfuerzo para ellos inútil. user-friendly llaman a lo que no los obliga a por ejemplo la paja de tener que tomar decisiones. (aclaro que yo los quiero, eh, a mi pesar. viví en california un tiempo y les admiro muchas cosas. pero son de una ingenuidad pasmosa. se creen lo del freedom, por ejemplo, de verdad). user-friendly para el cronista de clarín es una internet 'amigable'. la de ahora, claro, es re mala onda porque

'Exige de sus usuarios el aprendizaje de reglas. Para buscar un dato en la Web hay que saber que es necesario abrir un navegador, dirigirse a un buscador, saber cómo se usa, cómo hay que orientar la búsqueda para tener éxito. Todo esto, hasta ahora. Porque los expertos anuncian que ya se está trabajando en una nueva generación de Internet, llamada Web 3.0, que entenderá nuestro lenguaje coloquial y cotidiano, que resultará mucho más amigable, y que será accesible a mucha más gente.'

bueno, tampoco parece tan grave, pero lo que sí me generó bastante ahogo es el plan de eliminar el engorro de que una búsqueda te tire una lista links y no la info directamente. cuando yo era una docente argentina (recomiendo acassuso acaloradamente) flasheábamos con que las horas en internet obligaban a los pibes a tomar diez mil decisiones por página, discernir, elegir, encontrar lo que buscaban y básicamente leer. 'educación para la comprensión' lo llamaban en ese momento los cacofónicos licenciados en ciencias de la ed, y lo seguirán llamando si es que un nuevo powerpoint no les hace mejor y más novedosa ilusión. dice clarin que la web 3.0 responderá a nuestras búsquedas con mayor amabilidad, 'y lo hará, a diferencia de los buscadores convencionales, con los datos, y no con links a otros sitios.' lo cual elimina en un instante la posibilidad de elegir que nos incordia hasta ahora. y mandar directamente una info desde una página sola sería una posible forma de controlar a toda esa gente que está a un click de distancia de decidir qué tiene ganas de leer. re friendly. pobre harrison bergeron.

Monday, April 13, 2009

micky vainilla posse

muahahahaaa

Wednesday, April 08, 2009

girls together outrageously

desafinan bastante (muchísimo)

pero son tan oh!






y bailar también




y rascarnos los mosquitos

dice sou que el otoño es una mentira. capaz.


lo cierto es que como el calor perdura todavía podemos hacer esto













(el lugar más hermoso de todo el universo. cuando me muera quiero que esparzan mis cenizas en el delta. tomá nota hermana)















Tuesday, April 07, 2009

Y NO LO SACAN

sigue ahí, apenas entrás en
clarín, el video denigrante

como si nada

sigue como si nada el periodista insultando a esas mujeres, yendo hasta sus casas, 'señora usted cuántos hijos tiene?' con su micrófono anónimo, 'el fenómeno de la fábrica de hijos'.

no es del todo malo. cuánto más nazi se va poniendo el caldo, más clara será la llamada para que despertemos (anita bryant has brought us together! grita sean penn en milk. una nota como ésta podría hacer que las millones y millones de personas que no pensamos como pablo calvo nos empecemos a juntar más)

Monday, April 06, 2009

leyendo los diarios equivocados

una nota que clarín titula 'la fábrica de hijos': de cómo perversas mujeres, que no quieren trabajar porque son vagas, se aprovechan de nuestros impuestos y paren hijos para cobrar un subsidio. dice cosas como esta: 'Mientras las provincias financian planes para madres que tienen de 3 a 6 hijos, de unos 200 pesos, según el caso, la Nación abona 747 pesos a las mujeres que llegan a siete chicos o superan esa marca. Es un presupuesto de 173.700.000 pesos al año, algo así como la recaudación completa de 40 partidos de la Selección de Maradona en el Monumental' (qué carajo se supone que significa eso?) pero hay más, el subtítulo del video afirma que según los expertos, 'hecho el subsidio, hecho el formato familiar', aseveración que se retoma más abajo y remite a un artículo que no se ve en pantalla.

otra de clarín para alborozo de prolijas huestes bien pro limpieza (urbana, y por qué no étnica, digo, no, ya que estamos): el horror de que gente venda cosas usadas (tipo zapatos, imaginate) sobre mantas en la calle (que no es pintoresco, claro, como el rastro o camden)

una del ny times que desliza la posibilidad de que enseñar empatía en las escuelas sería violar la libertad individual ('Many Scarsdale parents praise the empathy focus, but some students complain that the school has no business dictating what they wear or how they act in their personal lives' ... 'Nationally, some question whether such attempts at social engineering are appropriate for the classroom or should remain the purview of parents, churches and youth groups outside of school hours. “Who could be against teaching empathy?” said Michael Petrilli, a vice president for the Thomas B. Fordham Institute, an education policy group in Washington. “But there’s a laundry list of seemingly important activities that, when added together, crowd out the academic mission of our schools.” )eso sí, no se preguntan por qué tienen un loco que cada quince días sale y mata a 20, eso qué tiene que ver.

y por último una de la nación que nos tranquiliza a todos contándomos que, si bien se rompió el puente de hielo que conectaba la barrera antártica wilkins con el continente, el hielo restante es del tamaño de jamaica, y además, siempre están los científicos británicos que nos explican que no se sabe si los gases que producen los autos capitalistas son taaaan malos ni si el calentamiento global es taaan cierto (la gente es de alarmista): ' "Creemos que el calentamiento de la Península Antártica está relacionado con el cambio climático global, aunque la evidencia todavía no es totalmente clara", dijo el especialista británico. También aclaró que este derretimiento no tendrá una influencia directa en el aumento del nivel de los mares.' y el científico que predijo el terremoto italiano era otro subversivo que alteraba el orden público.

Vamos a quedar re lindos con nuestras placitas enrejadas, nuestras calles de tránsito ordenado y nuestras baldosas nuevas cuando nos vean desde el submarino los sobrevivientes del año 2025.

Saturday, March 21, 2009

termina el verano



y se me parte el corazón

Tuesday, March 10, 2009






No tengo lavarropas. En mi casa anterior (la llamo casa pero entiéndase monoambiente de 30 m2) la falta de balcón y de cocina (but we did have the cutest little kitchinette metida adentro de un ropero) y de intención arquitectónica primaria para un electrodoméstico de esas dimensiones transformaban en muy ridícula la pretensión de lavar la ropa en el propio hogar. Yo era demasiado feliz para preocuparme por eso. Y además si hubiera tenido lavarropas habría tenido algunos inconvenientes el día que levanté la casa y me fui de viaje por un año. La heladera la vendí, y no tenía mucho más que la biblioteca y la bkf, de manera la mudanza que no fue tan grave.

En mi casa actual (la llamo casa pero entiéndase monoambiente de 45 m2 -pero mirá qué upgrade-) podría haber un lavarropas, sí, porque tengo terraza, sí, y lavadero (y cocina de verdad con puerta y todo) pero digamos que primero estaba la heladera (cuando llegó el calor -y yo me mudé en mayo- ya no estuvo tan buena la prueba nasal para ver si la leche no estaba cortada y además I simply *yearned* for my own gin and tonics in my own terrace). Cuestión que pasó un año entero y yo (todavía) no tengo lavarropas. Lo cual no sería nada grave si no me estuviera empezando a molestar sobremanera la forma en que se maltrata mi ropa en el laverrap. Muchos toc que creía alejados por siempre de mi persona afloraron sorprendentemente desde mi último cumpleaños. Aunque es verdad, lavar la ropa y planchar siempre figuraron en mi lista de actividades domésticas predilectas (no así limpiar, at all, ni ordenar, y mucho menos barrer las toneladas de hojas que recibo del plátano a diario).

Entonces empezó a haber una preselección de ítems demasiado caros a mi guardarropa como para terminar en una infausta máquina secadora: algunos vestidos, todos los equipetes de la temporada alta de interminables bodas, el secamanos de lino -otra herencia- del ajuar de mi bisabuela, bordado a mano, que amo profundamente, unas cuantas remeras. De ahí a sólo lavado y llevarme las bolsas chorreando tres cuadras había un solo paso. Pero no me gusta el olor del jabón (toc. toc toc toc). Y la verdad es que ya estaba haciendo una buena cantidad de viejo y tradicional lavado manual con todas esas prendas ya mencionadas, de manera que un buen día agarré la pila, la tiré al agua y me cargué el lavado al hombro. Todo muy lindo mientras dure este sol y este calor, pero es un romance fugaz el nuestro, ya lo sabemos los dos, y abril me tendrá llevando tristes bolsos de ropa al lavadero otra vez... en invierno la ropa sin centrifugado sencillamente no se seca.

Hace dos fines de semana tuvimos la anual fiesta de disfraces familiar y me disfracé de muerta. En realidad iba a ser el cadáver de la novia (mi chico era el joven manos de tijera) pero considerando que mi primo y su chica se casaban con pompa y circunstancia el fin de semana siguiente no me pareció la temática más acorde y tampoco estaba para irme a tomar notas al museo del traje, de manera que un par de ojeras y cara blanca resolvieron el tema. Llovió. Ideal. Tenía el pelo mojado y el vestido (blanco, obvio; pretendía ser el del cadáver de la novia. es mío y de anita y lo compramos en juan pérez para unas fotos) también, que se llenó de barro (porque hubo excursión a la maleza) y de ojeras chorreadas. Un asco. Lo tuve ahí juntando moho hasta que tomé coraje y junté una pila de ropa blanca y me puse a fregar. Para cuando fue el momento de enjuagar era tardísimo y no tuve más remedio que dejar todo en remojo e irme a trabajar. La paja de resolver todo el tema a mi regreso fue importante, pero cuando terminé me di cuenta de que la luz y la tela ahí colgada estaban bien. Ahora me duermo con las ropas de los muertos velando mi sueño.




Monday, February 23, 2009

El fin de semana anterior a éste estuve en Villa Victoria. Lo que más me gustó fue el papel de las paredes. Flores gigantes y pájaros, todo enorme, con ramas y hojas y blossoms (qué desastre de palabra la palabra 'pimpollo'); supongo que un día de fiebre lo podías pasar medio mal. O si te pegara mal cualquier sustancia. (¿se drogarían todos estos? todos los que pasaron por lo de victoria digo). Me gustó el papel y me gustaron los muebles. Los muebles son elocuentes. Me gustan los muebles antiguos y tengo un fetiche con los muebles de mis antepasados. El sillón de mi casa (mi sillón, el único que tengo, bah) era de mi tatarabuela. Después lo heredó mi bisabuela, después mi abuela, después mamá me lo regaló a mí. La noche que velamos a mi abuela dormí en ese sillón. Mi tío me trajo una frazada. Ese sillón estaba en el hall de entrada de la casa de mi abuela. Flasheo pensando en quién lo habrá tallado, quién lo habrá diseñado, cómo habrá llegado hasta acá. As family mythology has it, mi tatarabuela se eligió ese juego y algunos más cuando se casó, de un catálogo de muebles franceses que las niñas casaderas circa 1870 hojeaban para mandarse traer. Yo suspiro con que los diseñadores se ponían las pilas con detalles completamente accesorios y carentes de toda utilidad. Le ponían amor posta. Mi novio escorpiano toma café y me dice que seguramente explotaran al ebanista que tenía siete hijitas tuberculosas muriendo de frío y consunción en el ático húmedo de las afueras de París. Cuando mi tatarabuela murió, levantaron la casa ('la casa de Humberto' porque quedaba en Humberto Primo) y se repartieron los muebles. Los muebles eran todos inmensos y numerosos. Mi tía abuela se sabe el juego y nos lo recita si se lo pedimos: la cama, el escritorio, el toilette, las dos sillas, la mesa, ese espejo, el ropero, este otro ropero, el sillón tuyo, más un chaise-longe y una caja de seguridad estaban en el cuarto de Mama Grande en Humberto. De chicas, a ella y a mi abuela les parecía una casa gigante y Mama Grande una anciana empequeñecida y medio ida que las saludaba tenuemente desde la penumbra de su silla de ruedas. Mi bisabuela, la madre de mi abuela, era la niña de la vejez. Mama Grande le llevaba muchos años y cuando ella nació ya tenía sobrinos.


Me gustó el papel de las paredes. Quiero ver qué rincón de mi minúscula casa puedo destinar a ese papel victoriano tan tea things y blossoms y organza. Mi bisabuela paterna coleccionaba teteras. Y tomaba gin and tonic. Dónde estarán esas teteras. Por la ley patriarcal que regía y rige férrea a mi casta irlandoescocesa, esas teteras deben estar en custodia de alguna de mis tías abuelas; mi abuelo era el único varón y no le iban a tocar teteras (bastante le tocaba ya, if you ask his sisters, y tienen razón. Son señoras de piel muy finita, casi transparente, y ojos azules). La que debe saber esa historia es mi tía Hortensia. Le voy a preguntar. In the meantime, estoy buscando un diseño de blossoms: de cerezo obviamente, pero también de jacinto o de hortensias o de manzanos. Ahora que de repente diseño telas, voy a hacer una exploración que vaya por ese lado. El toro de mi ascendente me mira fijo y planta sus astas en los materiales 29. Vaya por dios.

Tuesday, February 17, 2009

llorando entregadísima.



como para no

cuando leo

esto:


'We grew up in the same household, with the same crazy, inmature, talented, kinda screwed up and creative parents. She´s the firstborn, a gazillion pictures of her as a chubby ,adorable baby can atest.

She´s smart, she´s creative and funny, outspoken, loud and assertive. She´s loyal and fights for what she believes in, she´s well read, ridiculously talented writer. She´s sociable and very beautiful, I might add. She´s made some huge transformations in her life and has the courage to go away from her comfort zone. Sometimes she´s moody and childish and selfish,and perpetually late. She´s been my mother figure in more ways than my mom has.

I love her to death.

She´s my sister.'


oh boy.

she's my sister

Thursday, January 08, 2009

hoy

la persona que manejaba el colectivo era una mujer.

la persona que dirigía el tráfico en la avenida era una mujer.

y en el corazón del once me encontré con una bruja mama que me dio una data muy necesaria.

el día pinta bien.

Wednesday, October 29, 2008



Resulta que primer garche usaba un desodorante que huelo en todas partes. Viste que los desodorantes ahora son re corteses, se anticipan a tus excreciones y en primavera de repente pum, activan todos. Entonces todos los días me asalta en algún momento ese olor que tenía primer garche en la remera, que seguramente activara con la calentura, y que después le olía en la piel a primer garche cuando efectivamente nos poníamos a coger. Primer garche fue casi más trascendental en mi vida que primer novio. De hecho primer novio, aun siendo una categoría en sí mismo, tiene nombre (Matías) y es un individuo bla bla bla. En cambio primer garche es en primera instancia la gloriosa liberación en acto, primer garche, y esas dos palabras juntas (más el efecto letal de su desodorante en el colectivo en el kiosco en el subte en la disco) me estallan todo un torrente feliz en las venas. Primer garche vino tardíamente, pero su caudal de buena leche superó con creces los años perdidos. Primer garche vino después de Matías. Después de que Matías y yo nos separáramos y yo me fuera de la casita del fondo que le alquilábamos (es un decir) al tío de Matías en Boulogne. Toda una historieta con la casa esa. Una historia larga, además: con Matías, que me gustaba desde séptimo, empezamos a salir en segundo año. Mientras mis amigas sumaban infinitos garches al primero, yo sólo cogía con Matías, porque era fiel y porque estaba enamorada (en ese orden). Contá algo vos, dale, me decían mis compañeras cuando hablábamos de sexo, y yo arrancaba pastitos y negaba con la cabeza y decía cosas como ‘nuestra intimidad’. 

Terminamos la secundaria. A la abuela de Matías se le incendió el techo de la casa y estuvo viviendo unos meses en la casita que su hijo Oscar, el tío de Matías, tenía en el fondo. Oscar había sido el bardero negro de la familia y el clan en conjunto se había inclinado a darle una oportunidad de resarcirse con la pobre vieja, que se había quedado sin casa. Entonces Oscar se rescató, sacó toda la mierda que tenía metida en el cuartito de atrás, le puso vidrios a la ventana y manguereó el piso. Oscar y la abuela Clelia ya habían hecho el experimento fatal de convivir durante 15 años y no había resultado. Es porque me salió sietemesino, decía Clelia. Por eso el Oscarcito no es normal pobrecito. Parecía que Oscar había estado tratando de alejarse de ese útero durante toda su vida. Lo había logrado por fin a los 15 años y desde entonces sus apariciones en el seno familiar habían sido esporádicas. No había desaparecido del todo porque les tenía un amor loco a sus hermanas, especialmente a Tita, la madre de Matías. Pero lo cierto es que de cualquier manera pasaron muchos años de desconche hasta que un buen día Oscarcito se hizo evangélico, dejó de chupar y volvió al terruño. Cuando se incendió el techo de la casa de Clelia acordaron que él la bancaba hasta que se lo terminaran de arreglar, pero en la casita del fondo. La vieja prendía sahumerios y le rezaba a San La Muerte. Oscar estrenaba teología y no estaba para andar ensanchando el santoral. Además, los sahumerios le daban alergia. 

Nosotros fuimos con Matías al cumpleaños de la abuela y Matías se quedó mirando la casita. A los dos meses, a la abuela le arreglaron el techo y a la casita del fondo nos mudamos nosotros. Chicos tienen que casarse dijo Oscar con bastante poca convicción (la verdad que no le daba). Matías le contestó estamos ahorrando, tío y eso fue lo último que se dijo sobre el tema. A la que no le causó mucha gracia la mudanza fue a mi vieja. Mi vieja tenía el sueño inveterado de que yo ‘hiciera carrera’, que subiera al tren todas las mañanas de trajecito sastre y attaché. Quería que fuera abogada. A vos te da el perfil, nena, tenés que estudiar. En vez de leer todo el día como una zombi podrías estudiar. A mí estudiar me chupaba un huevo. Me gustaba leer, pero no responder preguntas. Además, tenía inoculado muy adentro el síndrome laura ingalls carrie almanzo melissa sue anderson y camino al cielo. En ese sentido era una retardada mental. Retardada en el sentido histórico-cronológico de la palabra. Vivía en el precámbrico social, y colgar la ropa en el fondo del patio de Oscar me parecía la cifra de la felicidad. Además Matías era rubio y estaba que se partía. Yo soñaba con la huertita y los pibes corriendo cuando yo abría la puerta y les repartía rebanadas de pan casero. Mientras tanto trabajaba en el video y miraba películas de época todo el día, comiendo helado con Jeremías, el chico que trabajaba conmigo, llorando los dos de la mano cuando Jack se suelta de Rose y se hunde en el agua helada para siempre. Jeremías avalaba todos mis proyectos domésticos y apoyaba la moción del horno de barro. Otra que se había quedado en el tiempo. 

Ahora que lo pienso a la distancia, me doy cuenta de que las cosas duraron lo que duraron básicamente porque con Matías cogíamos de diez. Y que yo tardé lo que tardé en darme cuenta porque estaba drogada en mi nubeluz de pedos. El tema es que Oscar empezó a ponerse denso con el tema religioso. Venía a la casita y me recitaba la Biblia, hablaba de los pecados y las manchas, de que teníamos que orar para no caer en la tentación. Yo le dije a Matías que Oscar estaba cada vez más chapa, pero él me contestó que el evangelio lo había salvado y que no rompiera las bolas. Me ofendí. Tenele paciencia, dijo Matías que no quería pelearse, está entusiasmado porque ve una salida, ve que le hace bien. Pero no le hacía bien. Yo trataba de verlo lo menos posible cuando salía a hacer compras o al video, pero Oscar siempre me interceptaba y me tiraba un versículo sobre la carne y el mundo y las tinieblas. Un día yo estaba colgando la ropa cuando vino de atrás y me agarró las tetas. Tenía un olor a tetra que volteaba. La tentación, la tentación, jadeaba, y me empezó a chupar el cuello. Yo le arañé la cara y lo empujé con la palangana. Oscar se cayó para atrás y se dio la cabeza contra la base del tender. Llegó Matías y se encontró con Oscar ahí tirado, y conmigo inmóvil convencida de que había espichado. No me olvido más la mirada que me tiró. Por primera vez, éramos dos seres enemigos. La mirada esa significaba qué le hiciste, no qué pasó. Me agarró de atrás y lo empujé, le dije a Matías que se arrodillaba sobre Oscar. Él se cayó de espaldas y se golpeó. 

En realidad lo único que tenía Oscar era una mamúa padre y un flor de palo en la cabeza. Pero parecía un re fiambre y yo me cagué toda. Lo acompañé a Matías en la ambulancia, pero al rato de estar ahí el olor del hospital me descompuso y me volví a casa. Le dejé un mensaje a Matías con una de las enfermeras y me crucé a la remisería. En el camino iba pensando que tenía que llamarlo a Jeremías para avisarle que no iba a poder ir al video. 

Cuando abrí la puerta de la casita me encontré con un par de tetas rebalsando de un corpiño rojo. Después vi que las tetas eran de una piba que estaba parada en el medio de la cocina toda emperifollada en un conjuntito de lencería semitrasparente, completo con ligas, portaligas, todo. Y así me enteré de que el amor eterno no existía o que en todo caso si existía era compartido con Déborah. Fue todo bastante civilizado, igual. Déborah se vistió callada, me saludó y se fue. 

Oscar se recuperó y al tiempo se hizo pastor.

Y yo volví a lo de mi vieja justo cuando empezaba la primavera. El día que el olor de un pibe me hizo cosquillas entre las piernas empezó mi vida nueva. Era el olor de primer garche. Ni segundo ni tercero ni quincuagésimooctavo tuvieron un olor como ese. Cada vez que llega la primavera y me trae otra vez el olor de primer garche, por la ventana del colectivo le mando un beso buena leche para que le alegre el día, dondequiera que esté.





Tuesday, October 28, 2008

placas de hoy II



el año en que pegué onda con diane arbus




ojo con el monster


las fotos, de ella

la muestra, en unos días, acá

placas de hoy



pintó necrus

Monday, October 27, 2008

a luisa d. que me escucha por tv

qué onda el mdma natural que se dispara de repente de la nada. posible hipótesis: efectos residuales del tema este de la primavera. la secuencia es así: caminando por un barrio que es cuanto menos deprimente, paro en un kiosco porque tengo hambre. atardece. de las ventanas de una institución educativa que es cuanto menos represiva suena freddy cantando a los gritos aaand the wooorld.../ turning inside ooout… y no te explico los diez millones de puntos que me cae freddy, pienso esa vanesa vamos todos con freddy a full raúl le hago pasitos de baile a la chica del kiosco, todo. cuando llego a la esquina ya no escucho nada pero como lo tengo lo pongo, me pregunto cómo se explicarán las monjas la parte aquella de i´m a sex machine ready to reload like an atom bomb about to oh oh oh explode (estrellitas) ah, no entienden. son alemanas. y llego a la gran avenida, la Gran Avenida, la Más Grande y la Más Ancha y la Más Larga que alberga a nuestro símbolo ciudadano, el canto a nuestro pobre falocentrismo etc y freddy al palo mal y yo también y de repente como grandes extensiones de cielo y la bajada hacia la derecha, hacia la gran concha oscura que es el río, y como atardece la luz es medio ambigua viste entre naranja y azul y bueno obviamente como es la avenida Más Ancha del Mundo tardo mis dos semáforos en cruzar pero todo genial todo hermoso porque hay agapantus, agapantus violetas que danzan con freddy ubicás oh oh oh explode y *entonces* yo siento el latidito tic tic del corazón y las palmitas palmas palmas palmas que sudan un poco la única lástima de una pasti tan oh! pero señor agente yo estoy limpia señor agente yo no tomé nada señor agente simplemente necesito cruzar para ir a tomarme el colectivo. entonces no sé si es el tema coros (o sea. yo sólo le pido a dios ser corista de una banda de rocanrol. sin parar oh sin parar) o el tema freddy en sí pero en fin serafín se pone verde la lucecita y yo rompo a la carrera con cara de vuelo ubicás a dude cuando vuela yeah yeah oh yeah what condition my condition was in? bueno así, y te corro la avenida y no quiero parar, no pienso parar y freddy que me pone fichas there’s no stopping meeee y giro en la esquina y lo veo que viene, ahí todo brillantoso como el bus de los merri pranksters verri mach falopers y entonces hay que correr hermanita oh sí sí

y

ahora viene la escena slow mo

el rodete

trastabilla

duda

cae

y los pelos

en cascada

dos porteros miran con cara de nena se te cayó la hebillita no corras tanto

pero SHO

ya estoy con la mano en el 106, subiendo

y

corte a:

sube la piba al bondi y dice

mí me gusta andar de pelo suelto
aunque me digan que ya barro el suelo
a mí me gusta andar de crencha suelta
aunque se acabe de infartar mi abuela

y se sienta

ay gloria gloria gloria
ya nadie hace lyrics como vos
y ya nadie va a escuchar tu muscu

todo esto en noria

total

que bajar de ahí arriba me tardó un tiempito

diossss pero dios diosss mine






Friday, October 24, 2008

el verano decíamos

(o la primavera, lo mismo da)


 the archi mega super fairest of the fucking seasons

de repente pintó la segunda persona y


llegás tarde y entrás corriendo. ¿Cómo te llamás? tu nombre te preguntan, y te dicen corré, te están esperando. Corrés. Aparecés toda despeinada en el medio del escenario. Te mira un montón de gente. Ponés cara de ejem, perdón, disculpen, le pegás con la computadora a un chico que está en la silla de abajo, perdón. Te pasan una botellita sanadora y el chico que cierra las puertas y pide que se apaguen los celulares te sonríe. Asentís y le sonreís vos también. Los teatros de buenos aires albergan a la gente más amable. El chico que sonríe dice bueno, podemos empezar. Ay. Apaguen los celulares, si necesitan salir salgan por acá, etc. Vos que a duras penas llegaste no tenés idea de qué viniste a ver. No serás veterana del pánico pero sos veterana del sopor. Pero pero pero. Al margen de que te gusta la luz el empapelado los muebles la ropita (oh oh oh la puesta) te gustan los actores, te gusta todo. Y lo que más más más te gusta es cuando el personaje que anota todo en una libretita (se llama Juan) se sienta en el sillón y empieza: estaba toda blanca, y tan linda. Nunca había visto a alguien tan blanco. Y quieta. Nada está tan quieto. Nada vivo está tan quieto. Me desperté por el silencio. El silencio me despertó. Lo vivo hace ruido. Algo de ruido hace. Kchinggggg hace tu cabecita y te acordás. Salís a la vereda toda contenta (te gusta que las obras te gusten) y encima hay olor a verano.

Thursday, October 23, 2008



Tuesday, October 21, 2008



Fear death
by water
Who by water
Who in the merry merry month of
April
is the cruellest month
breeding-

Consider Phlebas
Who was once
Handsome and tall as you
I was handsome I was strong

The nymphets are gone.

Nothing again nothing

(some girls wander by mistake)
They called me the hyacinth girl

Goonight lou. goonight
Marianne
so long

y

the thunder
was most eloquent
wait for rain drip drip drip

downwards
who is that on the other side of me


tubérculos robados del baldío de eliot






Llueve. Hablamos anoche con una de las amigas que estaba en el sueño: qué hermoso verano, no puede durar. Bajar al chino en ojotas minifalda y sin corpiño como el alto enero no puede durar. En enero, reflexionamos, se anda muy de entre casa. No hay nadie y está la intimidad esa del calor. La mayor cantidad de gente junta que vi el enero pasado fue la procesión que volvía del supermercado con cajas de ventiladores bajo el brazo. Yo iba a comprar el mío y se largó a llover, y se me llenaron los pies de hojas. Ahora también llueve y miro las plantas, el malvón agonizante no resistió y cuando pare de llover voy a investigar el alcance de los daños. Creo que es la muerte irreversible. Sin embargo ayer, me cuenta mi amiga, la orquídea moribunda que hacía años que no daba un puto pétalo, sacó un pirincho. Un pirincho nuevo, de la nada. A mí me pasa algo parecido, le cuento. De repente la planta de hojas gordas que se caía para un costado, ¿te acordás? peló floripondio rojo en todo su esplendor. Hablamos con las ventanas abiertas, yo tirada en la cama, ella asesinando una polilla. Mañana llueve, igual, me dice. Ya sé, pero este vientito, le digo. La ventana abierta. El verano se la banca, me dice. El verano se la banca a full.


Thursday, October 16, 2008

Papá maneja. Es de noche. Salimos hace un rato. Vamos por el fin de semana. Yo voy sentada en el medio. Somos muchos en el auto. Todos hablan. Yo no tengo valija. No traje la valija, digo. Mamá se da vuelta y me mira. Papá dice no vamos a volver. Yo no entiendo por qué no traje ni valija ni bolso ni nada. En qué estaba pensando. En qué estabas pensando dice mamá. No sé.

Estamos en un local grande. Venden máquinas de cortar pasto, mangueras, aspiradoras. Veo que hay manteles cerca de la ventana. Me acerco a ver si venden ropa. Lo que más necesito es el vestido para la fiesta. No entiendo cómo me olvidé el vestido, pienso. Si lo tenía todo preparado. Quiero que volvamos pero no digo nada. En la mano tengo una pitufina de plástico con la parte de arriba del gorro despintada. Miro las perchas. Hay joggins grises de hombre. Hay camisas de manga corta de hombre. Afuera en la vereda hay un perchero. Son repasadores que se mueven despacio con el viento. Es de noche y los percheros están en la vereda. El resto de mi familia (también están mis tíos y mis primos) terminan sus compras, siento en la espalda que ya están en la cola para pagar. Hay unos soleros de algodón con lunares marrones. Mi tía los está mirando. Son muy ella. Si llegara a tiempo me podría probar uno y ver si sirve. Miro la etiqueta. Cien pesos. Me voy a la puerta donde van saliendo mis hermanos y mis padres con paquetes. Yo estoy en pijama. Mi pijama tiene rayas rosas. Estoy parada en medio de las máquinas de cortar pasto y las mangueras, de noche con mi pijama de rayas rosas. Me vuelvo a sentar en el auto. Qué boluda, digo. No tengo el cargador del celular. Eso también es grave. Mi hermana me mira y mueve la cabeza. El auto pega un giro y yo estoy sola, caminando cuesta arriba una calle empedrada. Bajan tres amigas mías. Dos amigas mías y la hermana de una de ellas, en realidad. Las tres tienen flores rojas en el pelo. Una flor roja, grande, sobre la oreja. Tienen los labios brillantes y bajan del brazo, riéndose. Nos saludamos. Yo también quiero pintarme los labios, les digo. Sacan una cajita redonda y la abren. Con el dedo saco una pasta roja y me la paso despacio por los labios. Las tres hacemos besos. Ellas siguen cuesta abajo, riéndose. Yo subo. Hay varios autos estacionados. La gente se junta para organizar una ida a alguna parte. Entre las piernas de los adultos, tratando de subir al cordón de la vereda, está el hijo de mi amiga. Lo alzo. Me abraza. Miramos las vidrieras. Venden zapatos. Shoe, dijo yo y señalo. Shoe, dice él. Blue shoe. Blue shoe, repite. Blue jacket, le digo y le señalo su campera. Blue jacket. Blue, blue, blue: remera, sweater y medias. Blue blue blue, repite él y se ríe. Yo tambien me río y lo quiero. Es hora de irnos. Se abren las puertas de los autos. Le devuelvo el hijo a mi amiga. Meto las manos en los bolsillos de mi tapado azul (un tapado con bolsillos redondos) y camino hacia el auto. Miro para abajo. Asoma bajo el tapado el dobladillo de mi vestido. Me subo al auto.



Tuesday, October 14, 2008

Las clases

 

            El viaje era largo. Iban en una camioneta que pasaba a buscar a cada una. Entraba el sol por la ventana e iluminaba el pelo suelto de Lucrecia. Lucrecia tenía nueve años. Iba a crecer para convertirse en modelo y casarse con un magnate suizo. Algo de ese destino se podía adivinar en la forma en que se movía. Ahora se inclinaba hacia adelante para mirar el album que desplegaban Sol y Maia. Lucrecia admiraba las stickers del album, aunque las tenía todas, y muchas otras, que las demás deseaban en secreto. Fue la primera que tuvo un album de figuritas. La primera en tener barbies, y no sólo barbies: tenía a Ken (lo llamaban Barbo), a Skipper y a una Barbie negra.

 

            Las madres se horrorizaban por el largo de su pelo, porque la dejaban usar bikini y porque iba a los cumpleaños con calzas de colores. Tenía un par de anteojos negros con forma de corazón que usó toda la primaria.

 

            El 21 de septiembre amaneció con sol.  Hacía calor suficiente como para que las dejaran salir sin medias. Había una gran animación en la camioneta naranja.

 

            Cuando Lucrecia terminó de ver las figuritas se sentó otra vez en su lugar y abrió una caja de metal con un relieve de la banda de Jem de un lado, y las Misfits del otro. Adentro de la caja tenía un paquete de Tentación de chocolate. Las abrió y le convidó a Elisa, que era su mejor amiga. Comieron las galletitas en el orden minucioso de la infancia, con mordiscos limitados alrededor del diámetro, hasta llegar al redondel de chocolate. Cuando solamente quedaba el redondel, se comían primero la parte de abajo, de galletita, después la del medio, de mousse, y finalmente la de arriba, de chocolate, que disolvían despacio contra el paladar. Lucrecia quería que Elisa fuera con ella a las clases de ballet. Le contaba de las posiciones. Primera, y le mostraba con las manos. Segunda. Tercera. Elisa era alta y se encorvaba. No te encorves, le decía la madre, parate derecha. Sentada en su asiento, Elisa escuchaba lo que decía Lucrecia, mientras mordía la galletita y miraba el pelo de Lucrecia que le caía sobre los brazos. Elisa quería ser rubia y flaca. Lucrecia es tan menudita, decían con aprobación Gladis y Luisa. Tan delgadita, parece una muñeca. Gladis y Luisa planchaban y se reían. Elisa no era delgadita ni menudita ni parecía una muñeca. En las clases de tenis se pasaba toda la hora buscando las pelotas que se le iban del otro lado del cerco, colorada y raspándose los brazos.

 

            Vinieron Sofía y Pilar a contarles que iban a subir al molino. Vengan con nosotras, les dijeron en voz baja, así subimos primeras. El molino era muy alto y desde ahí se podían ver todos los techos de todas las casas que rodeaban la quinta. Había que subir en grupos, porque no cabían todas arriba. Además era peligroso y tenían que tener cuidado. Algunas no se animaban, pero ellas sí. Pilar dijo que había escuchado que Valentina iba a subir. Sofía y Pilar se rieron. ¡Pobres las que vayan atrás! Elisa hizo una mueca cuando la miraron a ver si se reía. Valentina era la última de la fila, y ella la antepenúltima.

 

            Cuando llegaron a la quinta se empujaron para bajar y darle un beso a Alix, que saludaba desde la puerta con su mamá. Todas querían ir del brazo de Alix mientras ella les mostraba la casa a las que no la conocían. Se inclinaban para contarle secretos. Alix disfrutaba de las efusiones de sus invitadas con serenidad. Tenía un vestido que le quedaba bien; lo comprobaba en cada espejo de la casa. En los techos altos resonaban las voces agudas superpuestas, las exclamaciones y los llamados de unas a otras a través de los corredores y las ventanas. Los escalones brillantes de una de las salas les llamaron la atención y quisieron subir al primer piso. La madera crujía y Sofía dijo que había fantasmas en la casa. Le preguntaron a Alix, que dijo que su mamá le había dicho que no. Elisa subía al lado de Lucrecia. 

           

            Había ventanas enormes y cortinas hasta el piso. A medida que iban subiendo podían ver más lejos. Ahí está el molino, dijo Alix. Nosotras subimos el año pasado, dijo Pilar en voz alta. El molino era una canasta plateada en medio de las copas de los árboles. Parecía muy alto. Elisa sintió que se le apretaba la panza debajo de la remera. Este es mi cuarto, dijo Alix y abrió una puerta. Todas se quedaron en el umbral. En el cuarto había un ventanal que daba al molino, y una cama con dosel. Ninguna había visto nunca una cama con dosel. Elisa una vez le había pedido a su madre una cama con dosel. La madre había dejado de mirarse en el espejo y la había mirado a ella. ¿Una cama con dosel? ¡Pero qué disparate! Cuando Elisa llegara a su casa iba a poder contarle a su madre que Alix tenía una cama con dosel.

 

            Tita las llamó a comer y bajaron. Habían puesto una mesa larga bajo los árboles. Les caían manchas de sol sobre las manos y en el mantel. Elisa no tenía hambre. Lucrecia estaba sentada más lejos, con Maia y Sol y Alix. ¿Podemos subir al molino después de almorzar, Alu? Mamá dijo que esperemos un poco. Podemos ir a las hamacas y después subir.

 

            En las hamacas se turnaban. Lucrecia gritaba cada vez que Elisa pegaba un empujón y la mandaba más arriba. ¡Veo las casas de los vecinos! Elisa la empujaba más alto. ¡Empujame más, Eli! Elisa empujó con todas sus fuerzas. El pelo de Lucrecia parecía una mancha entre los árboles. Cuando estuvo casi a la misma altura del caño de metal que sostenía la hamaca, Elisa vio con terror que soltaba las manos. Con un movimiento mínimo que seguía el envión de la hamaca, Lucrecia se deslizó para adelante y voló con los brazos extendidos. Cuando cayó hizo una reverencia (algunas la aplaudieron) y volvió corriendo al lado de Elisa. ¿Querés que te empuje yo? Elisa no quería. Lucrecia insistió. No, dijo Elisa. Dale. Elisa se estaba sentando en el borde de la hamaca cuando vio que Sol, Pilar y Maia le decían un secreto a Lucrecia. Lucrecia les contestó y ellas sonrieron y asintieron con la cabeza. Se alejaron en dirección al molino. A Elisa le dolía la panza. ¡Agarrate Eli! dijo Lucrecia y Elisa se sobresaltó. Lucrecia era demasiado flaquita para empujarla. Elisa lo sabía y se ayudaba con las puntas de los pies. Las alpargatas se iban poniendo negras. ¡No me frenes! gritó Lucrecia. ¡Levantá los pies! Elisa los levantó y quedó en el aire unos instantes, oscilando como una ballena. Sus hermanos le decían Orca Belén. Ahora era una ballena encallada en el aire. Elisa se miraba los pies, que giraban cerca del suelo.  De repente sintió que se iba para atrás. Era Lucrecia que había agarrado la hamaca y caminaba para atrás gritando ¡uno, dos, tres! Y la soltó. Elisa tomó envión y se agarró de las cadenas. Sintió el empujón de Lucrecia y se tiró para atrás, con los pies en el aire. Sentía el viento en la cara y veía los árboles borrosos. Enfrente, sobre las coronas de novia de la medianera, vio los frutales de la quinta de al lado. ¡Veo a los vecinos! le gritó a Lucrecia, y se empujó más. Sintió los dedos de Lucrecia raspando la madera de la hamaca. ¡Correte, Lucre!, le gritó. Tenía miedo de lastimarla. Lucrecia se paró al lado. Elisa tenía la sensación de que todas las demás se habían ido. ¡Saltá! gritó Lucrecia. Elisa no se animó. ¡Saltá, saltá! gritó Lucrecia. Elisa sintió que la hamaca iba tomando altura, vio los frutales, la corona de novia, sintió el viento en la cara, y se soltó. Pasaron fugaces el cielo y las ramas, se sintió liviana y menuda y grácil, y cuando las alpargatas tocaron el pasto húmedo, trastabilló un poco pero no se cayó. ¡Sos una genia! gritó Lucrecia y la abrazó. Elisa olió el shampoo de su pelo y le pasó los brazos alrededor, sintiendo sus costillas y sus omóplatos. Cerró los ojos. Lucrecia le dijo un secreto: las chicas se fueron al molino. ¿Querés ir a la galería y te enseño las posturas de baile? Caminaron a la casa, en puntas de pie, con los brazos enlazados.

 

            Lucrecia decía que abrirse de piernas no era difícil. Que había que ir muy despacio, pero no parar. Elisa se agarraba de la pared áspera y del sillón de mimbre. Lucrecia le iba enseñando y ella, que todavía recordaba la sensación de volar, pensaba que tal vez podría aprender algo. Vení a ver si te sale, dijo Lucrecia. Estaba sentada en el piso damero de la galería. Elisa abrió las piernas. Bien, dijo Lucrecia. Ahora estirate y tratá de llegar al dedo gordo. Elisa se estiró y cerró los ojos. Se oía el canto de los pájaros y las voces de las otras allá lejos. ¡Bien! gritó Lucrecia y Elisa abrió los ojos. Tenía las yemas de los dedos apoyadas sobre la punta de las alpargatas. La miró a Lucrecia. Se sonrieron. Ahora el otro lado, dijo Lucrecia.

 

            De a poco, con la guía de Lucrecia, fue abriendo paulatinamente las piernas. Si practicás todos los días, vas a poder abrirte así, dijo Lucrecia, y se estiró en un ángulo de 180 grados. Elisa la miraba. Y vas a poder venir a mi clase, dijo Lucrecia, y giró en diagonal. Lucrecia se paró y se sentó atrás de ella. Puso las piernas pegadas a las de Elisa, y la abrazó. Elisa sentía el corazón de Lucrecia que latía sobre su espalda y tuvo ganas de llorar. Hagámoslo juntas, dijo Lucrecia, y de a poco fueron abriéndose hasta que las piernas de Elisa llegaron casi a la altura de las de Lucrecia. Se quedaron pegadas, respirando juntas. Elisa no quería moverse. Un mechón largo de Lucrecia caía sobre su brazo. Le agarró la mano y entrelazaron los dedos.

 

-¿Qué hacen? La voz de Pilar cortó el aire desde los árboles. Elisa se movió pero Lucrecia la abrazó más fuerte. Le enseñé a Eli a abrirse de piernas, dijo. Elisa sentía el mentón de Lucrecia apoyado sobre su espalda. Pilar se quedó mirándolas. Después de unos instantes, preguntó ¿me enseñás a mí? Lucrecia, sin soltarla, miró sobre el hombro de Elisa su paddle watch (nadie tenía un paddle watch. Menos violeta). Hoy no hay tiempo, le contestó. Otro día te enseño, Pili. Pilar se encogió de hombros. Cuando llegaron Sofía y Maia, les explicó que Elisa y Lucrecia se estaban abriendo de piernas. De a poco, siguiendo las instrucciones de Lucrecia, Elisa había ido cerrándolas, hasta que las dos estuvieron juntas. ¿Te duele?, le preguntó Lucrecia. Un poco, dijo Elisa. Es normal. Cuando llegues a tu casa pasate crema. Acá. Lucrecia le apoyó la mano con suavidad. Los tendones se estiran mucho. Elisa la miró a los ojos. Bueno, dijo.

  

            A la hora del té Alix dijo que había armado un juego de la llave. Hacía un poco de frío así que la mesa estaba al sol. Elisa estaba callada, comiendo un sandwich al lado de Lucrecia. No quería jugar al juego de la llave. A vos te va a tocar la que salta más alto, le dijo Lucrecia en secreto. Elisa sintió la voz caliente en la oreja y sonrió. Mejor escapémonos, le contestó. Lucrecia no dijo nada, pero asintió y le apretó la mano.

 

            Se escaparon al molino y treparon. Se veían casas y cercos y árboles y piletas y un camino lejos. Elisa le pasó el brazo sobre los hombros a Lucrecia, y miraron la casa de Alix y a las chicas que jugaban al juego de la llave en la galería. Parecían manchas blancas moviéndose sobre el pasto. Elisa y Lucrecia se miraron.

 

            A la vuelta volvieron a sentarse juntas. Lucrecia se apoyó sobre ella y se durmió. Elisa miraba por la ventana y escuchaba la canción que pasaba por la radio. Se llamaba Eternal Flame. Cuando llegara iba a pedirle a su mamá que la anotara en clases de ballet.




Tuesday, October 07, 2008

El colectivo toma la curva y frena de golpe. Trastabillan los que están parados, los que tenemos asiento extendemos automáticamente la mano sobre el respaldo de adelante. Hay un balcón con geranios que se mueven en el sol. But will he come? The jejune jesuit. Arranca otra vez el colectivo y sobre las fachadas de los edificios el mar, our mighty mother. A grey sweet mother. Pero no lo veo gris ni verde. Menos vinoso. El vinoso ponto, de dónde habrán sacado eso. Verían con otros colores. O capaz es la traducción. Para mí es azul como el mar azul. Noserag. Me gusta. Snotgreen noserag. Suena un bocinazo y se paran al lado mío dos señoras con voz nasal. Son voluminosas y son señoras sin duda alguna pero no lo suficientemente señoras como para que me pare y les dé el asiento. Una está indignada porque Marisa. Hundo la mano en el bolso y rebusco hasta que encuentro el volumen. Subo. Who chose this face for me? Lo dice con el mismo tono de am I a coward? A dull and muddy-mettled rascal. Capaz es el mismo actor. El espejo reflejando el sol sobre la bahía. Atrás de los edificios el río. Le dijo a Jorge que no le habíamos pasado el pedido. Algunas esquinas se abren como cañones y se ve a lo lejos un triángulo marrón que brilla. El río está más presente cuando hay sol. Se acerca más. Our mighty brown brother. De repente se ríen se ríen se ríen y les duele la panza. Oh, I shall expire! Break the news to her gently, Aubrey! Me contagian la risa. Y Jorge, encima, que es un boludo alegre. En algún momento me perdí. Hasta recién estábamos en el semáforo y en lo alto de una torre que daba a la bahía. Lo máximo la visión de la madre muerta, a faint odour of wax and rosewood. Ahora se ríen a carcajadas. Gente que antes no estaba, además. Atrás mío alguien grita ¡parada! y toca el timbre con violencia. ¡Hace tres cuadras que te estoy tocando! Y después alrededor: paran donde quieren. Un murmullo asiente y busco de nuevo el volumen. Está al máximo. Cough it up. Una chica con vestido lindo. Época de vestidos y geranios en los balcones. Un rostro firme en su lugar. It’s only Dedalus, whose mother is beastly dead. Firme en su lugar. Y si no usás esa crema, qué? El rostro se desintegra y se desarma? Todos los rostros en otros lugares, y no firmes en los suyos. El sol en las hojas que se ven desde abajo. And what is death? Your mother’s or yours or my own? Se bajan las indignadas de Marisa. La luz se pone verde y el colectivo acelera, se agarran todos, absurd!, gira en la curva, permiso, digo y me paro, I suppose I did say it. Toco el timbre. Shielding the gaping wounds the words had left in his heart. Gaping wounds. Se abre la puerta con un golpe mientras el colectivo sigue andando. Oh, an impossible person! Frena en seco. Bajo. Las sombras de las ramas se mueven en las baldosas y las miro. El colectivo arranca con un estallido de humo. Escucho que él se queda quieto. Gazing over the calm sea towards the headland. Camino a casa. Tengo que conseguir este libro.

Thursday, October 02, 2008

cc recoleta





expone ella

Monday, September 29, 2008

ruta nacional nº5

baño de ypf, provincia de la pampa


a pedido del público

en nuestra fiesta tocaron:



fat esteban con juanjo pedregosa



el pelos




josé ángel



cerraron:




los laringectomizados de león



(gracias pepe)

Tuesday, August 26, 2008

superaventuras de la gente que se resiste a pagar las facturas a tiempo



El agua es perfecta. Y esto importa porque me cuesta regular la temperatura, experiencia que todo poseedor de calefón conoce bien. El agua es perfecta y me congratulo y me lavo el pelo y siento las canaletas por la espalda, huelo el jabón nuevo y cuando me agacho estiro las manos para que se estiren las vértebras. Me pegan las gotas entre los omóplatos. La luz del candelabro suaviza los límites de las cosas. Yo miro las velas a través de la cortina transparente, y me miro los hombros y los brazos que cambian también bajo esa luz, cambia el color de la piel, las gotas no se ven tan claras. En los rincones hay sombras y en las cosas hay sombras también, que se mueven cuando parpadean las velas. Las cintas que cuelgan de la cortina hacen repentinos movimientos temblorosos, y a medida que sube el vapor dulce la luz se hace más pareja. Me paso las yemas de los dedos por la cabeza y me imagino que estoy en la peluquería y manos buenas me lavan amorosamente el pelo. Abro la crema enjuague y suena el portero. Cierro la ducha. Hace frío. Escucho. Suena otra vez, y es en casa, no hay dudas.

 

Trato de no patinarme en los charcos y atiendo con la mano mojada.

 

-¿Hola?

-Señora (ohdiosmío. Señora. Todavía no, por favor) de Edenor, para reconectarle el servicio.

(oh)

-¿Tengo que bajar a abrirte?

-No, no, ya lo arreglo acá con el portero. En cinco minutos le vuelve la luz.

-Ah, bueno. Te agradezco mucho.

 

Vuelvo a mi baño florido. Cierro la puerta despacio para no apagar las velas y me meto en la ducha tiritando. Sospecho que perdí la regulación para siempre pero no, abro y es la temperatura perfecta, como si no hubiera pasado nada. Nos reencontramos todos, las luces inestables, el agua caliente, el olor a jabón, las cintas y yo, todos felices como si la separación hubiera sido larguísima e intolerable. Ahora es el pelo otra vez, un lento proceso de desenredar con cuidado, de calibrar la crema, de enjuague riguroso. Las gotas me pegan en la cabeza y el la cara, las siento sobre los párpados, después va a tocar el scrub y el agua un poco más tibia, y ahora otra vez el jabón, que con la luz de las velas tiene más olor. 

 

Cuando se encienden las tres bombitas desaparecen las sombras de los rincones y las cosas recuperan la estabilidad. Los azulejos chillan, la luz rebota en la tapa del inodoro, en el giro del lavatorio y en el espejo anguloso. Hay un azulejo quebrado. Las cintas están quietas. Nada tiene olor a nada. Las cuatro llamas derrotadas son ridículas en su candelabro barroco, que queda ridículo sobre la madera del inodoro. Cierro la canilla y corro la cortina.

 

Me estiro.

 

Apago la luz.

 

Cuando me envuelve la toalla volvemos a ser hermosos en la penumbra dorada.



 


Monday, August 11, 2008

hoy pintó


banana nut bread

Oh Gin



Tuesday, August 05, 2008

genia



Sunday, July 27, 2008



Sube desde el río aunque el río está lejos. Empuja el carro verde con la escoba cruzada al medio. Las señoras que pasean perritos lo miran. En las veredas los encargados lo miran. Las mujeres que vuelven del gimnasio lo miran. Los chicos que vuelven del colegio lo miran cuando pasa empujando el carrito. Lo miran y le sonríen los tres que van caminando con las guitarras en la espalda. Lo mira la señora encorvada que vuelve despacio del chino. Mei y Su también lo miran, debajo de sus gorros cuando salen afuera a charlar un rato mientras Mei fuma un cigarrillo. Lo mira Laurita cuando sale con los patines, si terminó la tarea (una vez Laurita me tocó el timbre porque tenía que hacer una encuesta sobre hábitos alimenticios). Lo miran las mujeres meticulosas que llenan de espuma las veredas y que en verano hacen arcoiris que pisás con las ojotas. Lo mira Ismael antes de subirse a la bici. Lo miran Jorge y Romi que suspenden un instante el pedido que le están haciendo al chico de La Serenísima. (El chico de La Serenísima se acoda en el mostrador y le tira onda a Romi. Mueve nervioso su cap verde donde dice La Serenísima). Lo miraban mis ex vecinas incluso si estaban berreando o tocando el himno en el teclado (ya no lo hacen más, Natalia y Bárbara, porque se fueron y ahora no escucho más el himno, sólo martillazos), y si Almafuerte del 2C logra escucharlo seguro que también se asoma y lo mira. Porque él sube del río empujando su carrito verde y los edificios lo encañonan y él avanza veloz y suena su voz en las entradas “si estoy llorando/ no es que te extrañe el corazón/ es que a tu lado aprendí el dolor” y mientras empuja el carro sonríe.

Monday, July 14, 2008



Señora atrás del mostrador: Querido, ¿no sos un alma noble y me pasás un volante de loto y otro de quini?

Muchacho noble: Tome, señora.

Señora atrás del mostrador: Dios te lo repare.

Sunday, June 29, 2008

chaos clocks watermelons




Entonces vamos a ver i’m not there y me enamoro de cate blanchett, nos enamoramos todos, excepto en la parte en que están con allen hablándole a jesuschristsuperstar upthereonthecross y cate grita do your tricks man! pero mueve demasiado las manos, ahí nos desenamoramos porque mueve demasiado las manos, pero el resto oh los árboles oh los trenes oh la luz a la tarde en el auto despacio porque estaba nevando y de repente hubo luz porque se corrió una nube o algo que iluminó los árboles blancos, las ramas blancas, avanzábamos despacio porque estaba nevando, pero cuando salió la luz desempañamos la ventana fría a través del guante, todo despacio en cámara lenta, habíamos coordinado los días libres y nos íbamos a san francisco oh man con flores en el invierno y después salió el sol y empezamos a ver más cosas verdes y queríamos ir al mar, queríamos ir en auto hasta nueva york y ya no había nieve en los árboles verdes hasta que de repente a la noche cruzamos el puente y escuchábamos sumo y todos teníamos quince años o como máximo dieciséis y golpeábamos el techo del auto gritando now i love an argentinian girl oh hermano y comí el pan más sobrenatural de esta tierra sentada en los escalones de entrada de la ciudad china, sesenta centavos y caliente y relleno con algo que nunca había probado y pensaba que quería volver a esa ciudad y quedarme para siempre aunque hiciera frío y en el baño que nos toca haya jeringas y no querramos wanna go there, y en la ciudad está maxi que nos atiende en  bolas a las tres de la mañana y disculpá, disculpá, no sabía que había una chica pero todo bien porque después apareció en cuero con chancletas azules y el mate y al día siguiente nos presentó a su novia de diecisiete años que tenía el pelo violeta y se sabía la formación entera de rosario central aunque era de boca y de louisiana y no sabía hablar castellano entonces le traducíamos y fuimos al mar y sacamos placas memorables para tapas de discos y pasamos muchas horas filmando el parque y a will que daba vueltas en la bicicleta con un equipo de música atado a la campera de cuero. y nos enamoramos de las hojas amarillas también porque en el otoño íbamos a los parques a cagarnos de frío y a escribir pésimos haikus mirando las hojas amarillas en un cuadernito donde anotábamos frases memorables como beauty walks a razor’s edge y cast your dancing spell my way I promise to go under it y she’s a hypnotist collector you are a walking antique, felices porque ya no sufríamos tanto arriba del colectivo llorando con el gran bobby pensando que de verdad no íbamos a poder salir de ahí nunca. entonces si vamos al cine cómo no nos vamos a enamorar de cate.

Friday, June 27, 2008

la obra se llama

extraño terriblemente el verano


























Wednesday, June 25, 2008



Leo esto y me acuerdo de repente:


La terraza es el doble de grande y tiene piso de madera. Está arriba del todo, en la parte más alta del edificio. Tiene árboles pero no sombra de plátano. Es verano. Voy de la mano de mi sobrina, regamos las plantas. Hay macetas con plantas sobre el piso de madera. Al lado vecinos que discuten, bajamos una esterilla y por los agujeros brilla la luz de atrás. Todavía falta regar una planta que quedó del otro lado. La regadera mueve la esterilla y tengo miedo de que me vean, la riego igual y sé que me vieron, entonces me corro y miro por una ventana que hay. Miro el piso que es rojo y pienso que podríamos poner una pileta. Miro más lejos y hay una pileta, en el medio de la terraza. Es la pileta que hay de verdad arriba del edificio, una pileta de lavar que alguna vez fue rosa. Ahora la ilumina el sol y de la canilla sale agua, alguien dejó la canilla abierta, miro el agua y el sol en el agua, podemos bañarnos. Hace calor, acaba de empezar el verano y la luz es nueva arriba en la terraza, la misma luz de mediodía por calles angostas, con rollos de tela de colores. Pasamos con el colectivo despacio, dónde estamos pregunto y una señora me señala una iglesia de piedras amarillas, viejas, en San Blas, me contesta, y seguimos avanzando y hay escaparates y estantes y seda, me quiero bajar pero tengo que seguir en el colectivo, tengo que ir a un lugar pero me gustaría bajarme, y más cuando por la ventana veo una azucarera redonda amarilla y dorada ahí brillando en un estante en el verano. 

Wednesday, May 21, 2008

ven a mi casa suburbana 5

*




quedate dice corcho y yo no, dale euge quedate. no entramos. un ratito dale. terminemos la película. te vas a quedar dormido. no. sí. siempre te quedás dormido. ves así? sí. bajá un poco que los vas a despertar. vení tapate dice él y me tapa la espalda. gracias le digo y muevo la cabeza para arriba porque estoy panza abajo y apoyo el mentón sobre las manos y él se acuesta al lado mío y miramos la película y en las paredes las sombras grises se acercan y se alejan aunque no las miremos y en los momentos de silencio se oyen los autos lejos que pasan y el silencio también en el resto de la casa porque duermen. de repente en la película la gente sale al sol y la pantalla ilumina la almohada y el borde de la sábana y el pelo rubio de corcho que obviamente ya está dormido porque se duerme siempre aunque diga que no y yo le miro el pelo con la luz rara que sale de la pantalla y ya sé que me voy a quedar. estiro la mano arriba de la espalda de corcho y no alcanzo el control y tengo miedo de despertarlo y empujo el control con las puntas de los dedos y el control se mueve más lejos entonces me apoyo sobre el codo y lo alcanzo y apunto a la tele para apagarla y corcho se da vuelta y cuando apago la tele me agarra la cabeza con las manos y todo está oscuro y yo me caigo arriba de él y él me abraza y nos quedamos quietos hasta que él empieza a moverse y yo no, se van a despertar pero él sigue y está todo oscuro porque las persianas de madera están cerradas y dan al pasillo así que no puede entrar ni un rayo de luz, no se ve nada ni nos vemos nosotros como si no tuviéramos cuerpo sólo la cabeza y la cara y la luz roja que queda en el televisor y se va a ir apagando y siento las manos de corcho que me tocan la espalda que es como si la fueran sacando de la oscuridad y no hacemos ruido y estamos adentro de la cama y adentro de las persianas cerradas y yo adentro de las manos de corcho, me muevo un poco para adelante y aprieto la boca contra la almohada porque ya no tengo pollera ni nada y sé que me estoy quedando desnuda en la oscuridad y él también y no hacemos ruido aunque yo un poco sí pero al principio solo y me tapo la boca y me muerdo la mano y nos movemos pero sin hacer ruido y nadie puede vernos en la oscuridad ni con las persianas cerradas y además están durmiendo. los brazos de corcho me aprietan y yo me aplasto contra él fuerte y él respira pero sin ruido y yo me muerdo me muerdo la mano y con la otra me tapo la boca y respiro por la nariz pero sin ruido y corcho me clava los dedos en la espalda me los clava y yo tengo la boca contra la almohada y el cuello de él y no hacemos ruido hasta que nos vamos quedando quietos y nos ponemos cucharita porque no cabemos y me parece que nadie nos escuchó.





todo esto es mentira, lali, yo lo escribo y corcho ni siquiera vino a cobrar, pero imaginate qué bueno si me pasara otra vez cuando sea grande y viva sola y él también y tengamos camas dobles y de repente alguien venga de visita y nosotros nos quedemos dormidos en una cama chica aunque tengamos una cama doble a quince cuadras y podamos ir si nos da la gana por ejemplo.