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"laboral"
aquí
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no tan soez
Sunday, July 12, 2009
Sunday, May 17, 2009
'Exige de sus usuarios el aprendizaje de reglas. Para buscar un dato en la Web hay que saber que es necesario abrir un navegador, dirigirse a un buscador, saber cómo se usa, cómo hay que orientar la búsqueda para tener éxito. Todo esto, hasta ahora. Porque los expertos anuncian que ya se está trabajando en una nueva generación de Internet, llamada Web 3.0, que entenderá nuestro lenguaje coloquial y cotidiano, que resultará mucho más amigable, y que será accesible a mucha más gente.'
bueno, tampoco parece tan grave, pero lo que sí me generó bastante ahogo es el plan de eliminar el engorro de que una búsqueda te tire una lista links y no la info directamente. cuando yo era una docente argentina (recomiendo acassuso acaloradamente) flasheábamos con que las horas en internet obligaban a los pibes a tomar diez mil decisiones por página, discernir, elegir, encontrar lo que buscaban y básicamente leer. 'educación para la comprensión' lo llamaban en ese momento los cacofónicos licenciados en ciencias de la ed, y lo seguirán llamando si es que un nuevo powerpoint no les hace mejor y más novedosa ilusión. dice clarin que la web 3.0 responderá a nuestras búsquedas con mayor amabilidad, 'y lo hará, a diferencia de los buscadores convencionales, con los datos, y no con links a otros sitios.' lo cual elimina en un instante la posibilidad de elegir que nos incordia hasta ahora. y mandar directamente una info desde una página sola sería una posible forma de controlar a toda esa gente que está a un click de distancia de decidir qué tiene ganas de leer. re friendly. pobre harrison bergeron.
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Monday, April 13, 2009
Wednesday, April 08, 2009
dice sou que el otoño es una mentira. capaz.
lo cierto es que como el calor perdura todavía podemos hacer esto

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Tuesday, April 07, 2009
Y NO LO SACAN
sigue ahí, apenas entrás en clarín, el video denigrante
como si nada
sigue como si nada el periodista insultando a esas mujeres, yendo hasta sus casas, 'señora usted cuántos hijos tiene?' con su micrófono anónimo, 'el fenómeno de la fábrica de hijos'.
no es del todo malo. cuánto más nazi se va poniendo el caldo, más clara será la llamada para que despertemos (anita bryant has brought us together! grita sean penn en milk. una nota como ésta podría hacer que las millones y millones de personas que no pensamos como pablo calvo nos empecemos a juntar más)
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Monday, April 06, 2009
leyendo los diarios equivocados
otra de clarín para alborozo de prolijas huestes bien pro limpieza (urbana, y por qué no étnica, digo, no, ya que estamos): el horror de que gente venda cosas usadas (tipo zapatos, imaginate) sobre mantas en la calle (que no es pintoresco, claro, como el rastro o camden)
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Saturday, March 21, 2009
Tuesday, March 10, 2009
No tengo lavarropas. En mi casa anterior (la llamo casa pero entiéndase monoambiente de 30 m2) la falta de balcón y de cocina (but we did have the cutest little kitchinette metida adentro de un ropero) y de intención arquitectónica primaria para un electrodoméstico de esas dimensiones transformaban en muy ridícula la pretensión de lavar la ropa en el propio hogar. Yo era demasiado feliz para preocuparme por eso. Y además si hubiera tenido lavarropas habría tenido algunos inconvenientes el día que levanté la casa y me fui de viaje por un año. La heladera la vendí, y no tenía mucho más que la biblioteca y la bkf, de manera la mudanza que no fue tan grave.
En mi casa actual (la llamo casa pero entiéndase monoambiente de 45 m2 -pero mirá qué upgrade-) podría haber un lavarropas, sí, porque tengo terraza, sí, y lavadero (y cocina de verdad con puerta y todo) pero digamos que primero estaba la heladera (cuando llegó el calor -y yo me mudé en mayo- ya no estuvo tan buena la prueba nasal para ver si la leche no estaba cortada y además I simply *yearned* for my own gin and tonics in my own terrace). Cuestión que pasó un año entero y yo (todavía) no tengo lavarropas. Lo cual no sería nada grave si no me estuviera empezando a molestar sobremanera la forma en que se maltrata mi ropa en el laverrap. Muchos toc que creía alejados por siempre de mi persona afloraron sorprendentemente desde mi último cumpleaños. Aunque es verdad, lavar la ropa y planchar siempre figuraron en mi lista de actividades domésticas predilectas (no así limpiar, at all, ni ordenar, y mucho menos barrer las toneladas de hojas que recibo del plátano a diario).
Entonces empezó a haber una preselección de ítems demasiado caros a mi guardarropa como para terminar en una infausta máquina secadora: algunos vestidos, todos los equipetes de la temporada alta de interminables bodas, el secamanos de lino -otra herencia- del ajuar de mi bisabuela, bordado a mano, que amo profundamente, unas cuantas remeras. De ahí a sólo lavado y llevarme las bolsas chorreando tres cuadras había un solo paso. Pero no me gusta el olor del jabón (toc. toc toc toc). Y la verdad es que ya estaba haciendo una buena cantidad de viejo y tradicional lavado manual con todas esas prendas ya mencionadas, de manera que un buen día agarré la pila, la tiré al agua y me cargué el lavado al hombro. Todo muy lindo mientras dure este sol y este calor, pero es un romance fugaz el nuestro, ya lo sabemos los dos, y abril me tendrá llevando tristes bolsos de ropa al lavadero otra vez... en invierno la ropa sin centrifugado sencillamente no se seca.
Hace dos fines de semana tuvimos la anual fiesta de disfraces familiar y me disfracé de muerta. En realidad iba a ser el cadáver de la novia (mi chico era el joven manos de tijera) pero considerando que mi primo y su chica se casaban con pompa y circunstancia el fin de semana siguiente no me pareció la temática más acorde y tampoco estaba para irme a tomar notas al museo del traje, de manera que un par de ojeras y cara blanca resolvieron el tema. Llovió. Ideal. Tenía el pelo mojado y el vestido (blanco, obvio; pretendía ser el del cadáver de la novia. es mío y de anita y lo compramos en juan pérez para unas fotos) también, que se llenó de barro (porque hubo excursión a la maleza) y de ojeras chorreadas. Un asco. Lo tuve ahí juntando moho hasta que tomé coraje y junté una pila de ropa blanca y me puse a fregar. Para cuando fue el momento de enjuagar era tardísimo y no tuve más remedio que dejar todo en remojo e irme a trabajar. La paja de resolver todo el tema a mi regreso fue importante, pero cuando terminé me di cuenta de que la luz y la tela ahí colgada estaban bien. Ahora me duermo con las ropas de los muertos velando mi sueño.


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Monday, February 23, 2009
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Tuesday, February 17, 2009
llorando entregadísima.
como para no
cuando leo
esto:
'We grew up in the same household, with the same crazy, inmature, talented, kinda screwed up and creative parents. She´s the firstborn, a gazillion pictures of her as a chubby ,adorable baby can atest.
She´s smart, she´s creative and funny, outspoken, loud and assertive. She´s loyal and fights for what she believes in, she´s well read, ridiculously talented writer. She´s sociable and very beautiful, I might add. She´s made some huge transformations in her life and has the courage to go away from her comfort zone. Sometimes she´s moody and childish and selfish,and perpetually late. She´s been my mother figure in more ways than my mom has.
I love her to death.
She´s my sister.'
oh boy.
she's my sister
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Thursday, January 08, 2009
hoy
la persona que manejaba el colectivo era una mujer.
la persona que dirigía el tráfico en la avenida era una mujer.
y en el corazón del once me encontré con una bruja mama que me dio una data muy necesaria.
el día pinta bien.
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Wednesday, October 29, 2008
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Tuesday, October 28, 2008
placas de hoy II

el año en que pegué onda con diane arbus
ojo con el monster
las fotos, de ella
la muestra, en unos días, acá
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Monday, October 27, 2008
a luisa d. que me escucha por tv
qué onda el mdma natural que se dispara de repente de la nada. posible hipótesis: efectos residuales del tema este de la primavera. la secuencia es así: caminando por un barrio que es cuanto menos deprimente, paro en un kiosco porque tengo hambre. atardece. de las ventanas de una institución educativa que es cuanto menos represiva suena freddy cantando a los gritos aaand the wooorld.../ turning inside ooout… y no te explico los diez millones de puntos que me cae freddy, pienso esa vanesa vamos todos con freddy a full raúl le hago pasitos de baile a la chica del kiosco, todo. cuando llego a la esquina ya no escucho nada pero como lo tengo lo pongo, me pregunto cómo se explicarán las monjas la parte aquella de i´m a sex machine ready to reload like an atom bomb about to oh oh oh explode (estrellitas) ah, no entienden. son alemanas. y llego a la gran avenida, la Gran Avenida, la Más Grande y la Más Ancha y la Más Larga que alberga a nuestro símbolo ciudadano, el canto a nuestro pobre falocentrismo etc y freddy al palo mal y yo también y de repente como grandes extensiones de cielo y la bajada hacia la derecha, hacia la gran concha oscura que es el río, y como atardece la luz es medio ambigua viste entre naranja y azul y bueno obviamente como es la avenida Más Ancha del Mundo tardo mis dos semáforos en cruzar pero todo genial todo hermoso porque hay agapantus, agapantus violetas que danzan con freddy ubicás oh oh oh explode y *entonces* yo siento el latidito tic tic del corazón y las palmitas palmas palmas palmas que sudan un poco la única lástima de una pasti tan oh! pero señor agente yo estoy limpia señor agente yo no tomé nada señor agente simplemente necesito cruzar para ir a tomarme el colectivo. entonces no sé si es el tema coros (o sea. yo sólo le pido a dios ser corista de una banda de rocanrol. sin parar oh sin parar) o el tema freddy en sí pero en fin serafín se pone verde la lucecita y yo rompo a la carrera con cara de vuelo ubicás a dude cuando vuela yeah yeah oh yeah what condition my condition was in? bueno así, y te corro la avenida y no quiero parar, no pienso parar y freddy que me pone fichas there’s no stopping meeee y giro en la esquina y lo veo que viene, ahí todo brillantoso como el bus de los merri pranksters verri mach falopers y entonces hay que correr hermanita oh sí sí
y
ahora viene la escena slow mo
el rodete
trastabilla
duda
cae
y los pelos
en cascada
dos porteros miran con cara de nena se te cayó la hebillita no corras tanto
pero SHO
ya estoy con la mano en el 106, subiendo
y
corte a:
sube la piba al bondi y dice
mí me gusta andar de pelo suelto
aunque me digan que ya barro el suelo
a mí me gusta andar de crencha suelta
aunque se acabe de infartar mi abuela
y se sienta
ay gloria gloria gloria
ya nadie hace lyrics como vos
y ya nadie va a escuchar tu muscu
todo esto en noria
total
que bajar de ahí arriba me tardó un tiempito
diossss pero dios diosss mine
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Friday, October 24, 2008
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Thursday, October 23, 2008
Tuesday, October 21, 2008
by water
Who by water
Who in the merry merry month of
April
is the cruellest month
breeding-
Consider Phlebas
Who was once
Handsome and tall as you
I was handsome I was strong
The nymphets are gone.
(some girls wander by mistake)
They called me the hyacinth girl
Goonight lou. goonight
Marianne
so long
y
the thunder
was most eloquent
wait for rain drip drip drip
downwards
who is that on the other side of me
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Llueve. Hablamos anoche con una de las amigas que estaba en el sueño: qué hermoso verano, no puede durar. Bajar al chino en ojotas minifalda y sin corpiño como el alto enero no puede durar. En enero, reflexionamos, se anda muy de entre casa. No hay nadie y está la intimidad esa del calor. La mayor cantidad de gente junta que vi el enero pasado fue la procesión que volvía del supermercado con cajas de ventiladores bajo el brazo. Yo iba a comprar el mío y se largó a llover, y se me llenaron los pies de hojas. Ahora también llueve y miro las plantas, el malvón agonizante no resistió y cuando pare de llover voy a investigar el alcance de los daños. Creo que es la muerte irreversible. Sin embargo ayer, me cuenta mi amiga, la orquídea moribunda que hacía años que no daba un puto pétalo, sacó un pirincho. Un pirincho nuevo, de la nada. A mí me pasa algo parecido, le cuento. De repente la planta de hojas gordas que se caía para un costado, ¿te acordás? peló floripondio rojo en todo su esplendor. Hablamos con las ventanas abiertas, yo tirada en la cama, ella asesinando una polilla. Mañana llueve, igual, me dice. Ya sé, pero este vientito, le digo. La ventana abierta. El verano se la banca, me dice. El verano se la banca a full.
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Thursday, October 16, 2008
Papá maneja. Es de noche. Salimos hace un rato. Vamos por el fin de semana. Yo voy sentada en el medio. Somos muchos en el auto. Todos hablan. Yo no tengo valija. No traje la valija, digo. Mamá se da vuelta y me mira. Papá dice no vamos a volver. Yo no entiendo por qué no traje ni valija ni bolso ni nada. En qué estaba pensando. En qué estabas pensando dice mamá. No sé. Estamos en un local grande. Venden máquinas de cortar pasto, mangueras, aspiradoras. Veo que hay manteles cerca de la ventana. Me acerco a ver si venden ropa. Lo que más necesito es el vestido para la fiesta. No entiendo cómo me olvidé el vestido, pienso. Si lo tenía todo preparado. Quiero que volvamos pero no digo nada. En la mano tengo una pitufina de plástico con la parte de arriba del gorro despintada. Miro las perchas. Hay joggins grises de hombre. Hay camisas de manga corta de hombre. Afuera en la vereda hay un perchero. Son repasadores que se mueven despacio con el viento. Es de noche y los percheros están en la vereda. El resto de mi familia (también están mis tíos y mis primos) terminan sus compras, siento en la espalda que ya están en la cola para pagar. Hay unos soleros de algodón con lunares marrones. Mi tía los está mirando. Son muy ella. Si llegara a tiempo me podría probar uno y ver si sirve. Miro la etiqueta. Cien pesos. Me voy a la puerta donde van saliendo mis hermanos y mis padres con paquetes. Yo estoy en pijama. Mi pijama tiene rayas rosas. Estoy parada en medio de las máquinas de cortar pasto y las mangueras, de noche con mi pijama de rayas rosas. Me vuelvo a sentar en el auto. Qué boluda, digo. No tengo el cargador del celular. Eso también es grave. Mi hermana me mira y mueve la cabeza. El auto pega un giro y yo estoy sola, caminando cuesta arriba una calle empedrada. Bajan tres amigas mías. Dos amigas mías y la hermana de una de ellas, en realidad. Las tres tienen flores rojas en el pelo. Una flor roja, grande, sobre la oreja. Tienen los labios brillantes y bajan del brazo, riéndose. Nos saludamos. Yo también quiero pintarme los labios, les digo. Sacan una cajita redonda y la abren. Con el dedo saco una pasta roja y me la paso despacio por los labios. Las tres hacemos besos. Ellas siguen cuesta abajo, riéndose. Yo subo. Hay varios autos estacionados. La gente se junta para organizar una ida a alguna parte. Entre las piernas de los adultos, tratando de subir al cordón de la vereda, está el hijo de mi amiga. Lo alzo. Me abraza. Miramos las vidrieras. Venden zapatos. Shoe, dijo yo y señalo. Shoe, dice él. Blue shoe. Blue shoe, repite. Blue jacket, le digo y le señalo su campera. Blue jacket. Blue, blue, blue: remera, sweater y medias. Blue blue blue, repite él y se ríe. Yo tambien me río y lo quiero. Es hora de irnos. Se abren las puertas de los autos. Le devuelvo el hijo a mi amiga. Meto las manos en los bolsillos de mi tapado azul (un tapado con bolsillos redondos) y camino hacia el auto. Miro para abajo. Asoma bajo el tapado el dobladillo de mi vestido. Me subo al auto.
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Labels: science of sleep
Tuesday, October 14, 2008
Las clases
El viaje era largo. Iban en una camioneta que pasaba a buscar a cada una. Entraba el sol por la ventana e iluminaba el pelo suelto de Lucrecia. Lucrecia tenía nueve años. Iba a crecer para convertirse en modelo y casarse con un magnate suizo. Algo de ese destino se podía adivinar en la forma en que se movía. Ahora se inclinaba hacia adelante para mirar el album que desplegaban Sol y Maia. Lucrecia admiraba las stickers del album, aunque las tenía todas, y muchas otras, que las demás deseaban en secreto. Fue la primera que tuvo un album de figuritas. La primera en tener barbies, y no sólo barbies: tenía a Ken (lo llamaban Barbo), a Skipper y a una Barbie negra. Las madres se horrorizaban por el largo de su pelo, porque la dejaban usar bikini y porque iba a los cumpleaños con calzas de colores. Tenía un par de anteojos negros con forma de corazón que usó toda la primaria. El 21 de septiembre amaneció con sol. Hacía calor suficiente como para que las dejaran salir sin medias. Había una gran animación en la camioneta naranja. Cuando Lucrecia terminó de ver las figuritas se sentó otra vez en su lugar y abrió una caja de metal con un relieve de la banda de Jem de un lado, y las Misfits del otro. Adentro de la caja tenía un paquete de Tentación de chocolate. Las abrió y le convidó a Elisa, que era su mejor amiga. Comieron las galletitas en el orden minucioso de la infancia, con mordiscos limitados alrededor del diámetro, hasta llegar al redondel de chocolate. Cuando solamente quedaba el redondel, se comían primero la parte de abajo, de galletita, después la del medio, de mousse, y finalmente la de arriba, de chocolate, que disolvían despacio contra el paladar. Lucrecia quería que Elisa fuera con ella a las clases de ballet. Le contaba de las posiciones. Primera, y le mostraba con las manos. Segunda. Tercera. Elisa era alta y se encorvaba. No te encorves, le decía la madre, parate derecha. Sentada en su asiento, Elisa escuchaba lo que decía Lucrecia, mientras mordía la galletita y miraba el pelo de Lucrecia que le caía sobre los brazos. Elisa quería ser rubia y flaca. Lucrecia es tan menudita, decían con aprobación Gladis y Luisa. Tan delgadita, parece una muñeca. Gladis y Luisa planchaban y se reían. Elisa no era delgadita ni menudita ni parecía una muñeca. En las clases de tenis se pasaba toda la hora buscando las pelotas que se le iban del otro lado del cerco, colorada y raspándose los brazos. Vinieron Sofía y Pilar a contarles que iban a subir al molino. Vengan con nosotras, les dijeron en voz baja, así subimos primeras. El molino era muy alto y desde ahí se podían ver todos los techos de todas las casas que rodeaban la quinta. Había que subir en grupos, porque no cabían todas arriba. Además era peligroso y tenían que tener cuidado. Algunas no se animaban, pero ellas sí. Pilar dijo que había escuchado que Valentina iba a subir. Sofía y Pilar se rieron. ¡Pobres las que vayan atrás! Elisa hizo una mueca cuando la miraron a ver si se reía. Valentina era la última de la fila, y ella la antepenúltima. Cuando llegaron a la quinta se empujaron para bajar y darle un beso a Alix, que saludaba desde la puerta con su mamá. Todas querían ir del brazo de Alix mientras ella les mostraba la casa a las que no la conocían. Se inclinaban para contarle secretos. Alix disfrutaba de las efusiones de sus invitadas con serenidad. Tenía un vestido que le quedaba bien; lo comprobaba en cada espejo de la casa. En los techos altos resonaban las voces agudas superpuestas, las exclamaciones y los llamados de unas a otras a través de los corredores y las ventanas. Los escalones brillantes de una de las salas les llamaron la atención y quisieron subir al primer piso. La madera crujía y Sofía dijo que había fantasmas en la casa. Le preguntaron a Alix, que dijo que su mamá le había dicho que no. Elisa subía al lado de Lucrecia. Había ventanas enormes y cortinas hasta el piso. A medida que iban subiendo podían ver más lejos. Ahí está el molino, dijo Alix. Nosotras subimos el año pasado, dijo Pilar en voz alta. El molino era una canasta plateada en medio de las copas de los árboles. Parecía muy alto. Elisa sintió que se le apretaba la panza debajo de la remera. Este es mi cuarto, dijo Alix y abrió una puerta. Todas se quedaron en el umbral. En el cuarto había un ventanal que daba al molino, y una cama con dosel. Ninguna había visto nunca una cama con dosel. Elisa una vez le había pedido a su madre una cama con dosel. La madre había dejado de mirarse en el espejo y la había mirado a ella. ¿Una cama con dosel? ¡Pero qué disparate! Cuando Elisa llegara a su casa iba a poder contarle a su madre que Alix tenía una cama con dosel. Tita las llamó a comer y bajaron. Habían puesto una mesa larga bajo los árboles. Les caían manchas de sol sobre las manos y en el mantel. Elisa no tenía hambre. Lucrecia estaba sentada más lejos, con Maia y Sol y Alix. ¿Podemos subir al molino después de almorzar, Alu? Mamá dijo que esperemos un poco. Podemos ir a las hamacas y después subir. En las hamacas se turnaban. Lucrecia gritaba cada vez que Elisa pegaba un empujón y la mandaba más arriba. ¡Veo las casas de los vecinos! Elisa la empujaba más alto. ¡Empujame más, Eli! Elisa empujó con todas sus fuerzas. El pelo de Lucrecia parecía una mancha entre los árboles. Cuando estuvo casi a la misma altura del caño de metal que sostenía la hamaca, Elisa vio con terror que soltaba las manos. Con un movimiento mínimo que seguía el envión de la hamaca, Lucrecia se deslizó para adelante y voló con los brazos extendidos. Cuando cayó hizo una reverencia (algunas la aplaudieron) y volvió corriendo al lado de Elisa. ¿Querés que te empuje yo? Elisa no quería. Lucrecia insistió. No, dijo Elisa. Dale. Elisa se estaba sentando en el borde de la hamaca cuando vio que Sol, Pilar y Maia le decían un secreto a Lucrecia. Lucrecia les contestó y ellas sonrieron y asintieron con la cabeza. Se alejaron en dirección al molino. A Elisa le dolía la panza. ¡Agarrate Eli! dijo Lucrecia y Elisa se sobresaltó. Lucrecia era demasiado flaquita para empujarla. Elisa lo sabía y se ayudaba con las puntas de los pies. Las alpargatas se iban poniendo negras. ¡No me frenes! gritó Lucrecia. ¡Levantá los pies! Elisa los levantó y quedó en el aire unos instantes, oscilando como una ballena. Sus hermanos le decían Orca Belén. Ahora era una ballena encallada en el aire. Elisa se miraba los pies, que giraban cerca del suelo. De repente sintió que se iba para atrás. Era Lucrecia que había agarrado la hamaca y caminaba para atrás gritando ¡uno, dos, tres! Y la soltó. Elisa tomó envión y se agarró de las cadenas. Sintió el empujón de Lucrecia y se tiró para atrás, con los pies en el aire. Sentía el viento en la cara y veía los árboles borrosos. Enfrente, sobre las coronas de novia de la medianera, vio los frutales de la quinta de al lado. ¡Veo a los vecinos! le gritó a Lucrecia, y se empujó más. Sintió los dedos de Lucrecia raspando la madera de la hamaca. ¡Correte, Lucre!, le gritó. Tenía miedo de lastimarla. Lucrecia se paró al lado. Elisa tenía la sensación de que todas las demás se habían ido. ¡Saltá! gritó Lucrecia. Elisa no se animó. ¡Saltá, saltá! gritó Lucrecia. Elisa sintió que la hamaca iba tomando altura, vio los frutales, la corona de novia, sintió el viento en la cara, y se soltó. Pasaron fugaces el cielo y las ramas, se sintió liviana y menuda y grácil, y cuando las alpargatas tocaron el pasto húmedo, trastabilló un poco pero no se cayó. ¡Sos una genia! gritó Lucrecia y la abrazó. Elisa olió el shampoo de su pelo y le pasó los brazos alrededor, sintiendo sus costillas y sus omóplatos. Cerró los ojos. Lucrecia le dijo un secreto: las chicas se fueron al molino. ¿Querés ir a la galería y te enseño las posturas de baile? Caminaron a la casa, en puntas de pie, con los brazos enlazados. Lucrecia decía que abrirse de piernas no era difícil. Que había que ir muy despacio, pero no parar. Elisa se agarraba de la pared áspera y del sillón de mimbre. Lucrecia le iba enseñando y ella, que todavía recordaba la sensación de volar, pensaba que tal vez podría aprender algo. Vení a ver si te sale, dijo Lucrecia. Estaba sentada en el piso damero de la galería. Elisa abrió las piernas. Bien, dijo Lucrecia. Ahora estirate y tratá de llegar al dedo gordo. Elisa se estiró y cerró los ojos. Se oía el canto de los pájaros y las voces de las otras allá lejos. ¡Bien! gritó Lucrecia y Elisa abrió los ojos. Tenía las yemas de los dedos apoyadas sobre la punta de las alpargatas. La miró a Lucrecia. Se sonrieron. Ahora el otro lado, dijo Lucrecia. De a poco, con la guía de Lucrecia, fue abriendo paulatinamente las piernas. Si practicás todos los días, vas a poder abrirte así, dijo Lucrecia, y se estiró en un ángulo de 180 grados. Elisa la miraba. Y vas a poder venir a mi clase, dijo Lucrecia, y giró en diagonal. Lucrecia se paró y se sentó atrás de ella. Puso las piernas pegadas a las de Elisa, y la abrazó. Elisa sentía el corazón de Lucrecia que latía sobre su espalda y tuvo ganas de llorar. Hagámoslo juntas, dijo Lucrecia, y de a poco fueron abriéndose hasta que las piernas de Elisa llegaron casi a la altura de las de Lucrecia. Se quedaron pegadas, respirando juntas. Elisa no quería moverse. Un mechón largo de Lucrecia caía sobre su brazo. Le agarró la mano y entrelazaron los dedos. -¿Qué hacen? La voz de Pilar cortó el aire desde los árboles. Elisa se movió pero Lucrecia la abrazó más fuerte. Le enseñé a Eli a abrirse de piernas, dijo. Elisa sentía el mentón de Lucrecia apoyado sobre su espalda. Pilar se quedó mirándolas. Después de unos instantes, preguntó ¿me enseñás a mí? Lucrecia, sin soltarla, miró sobre el hombro de Elisa su paddle watch (nadie tenía un paddle watch. Menos violeta). Hoy no hay tiempo, le contestó. Otro día te enseño, Pili. Pilar se encogió de hombros. Cuando llegaron Sofía y Maia, les explicó que Elisa y Lucrecia se estaban abriendo de piernas. De a poco, siguiendo las instrucciones de Lucrecia, Elisa había ido cerrándolas, hasta que las dos estuvieron juntas. ¿Te duele?, le preguntó Lucrecia. Un poco, dijo Elisa. Es normal. Cuando llegues a tu casa pasate crema. Acá. Lucrecia le apoyó la mano con suavidad. Los tendones se estiran mucho. Elisa la miró a los ojos. Bueno, dijo. A la hora del té Alix dijo que había armado un juego de la llave. Hacía un poco de frío así que la mesa estaba al sol. Elisa estaba callada, comiendo un sandwich al lado de Lucrecia. No quería jugar al juego de la llave. A vos te va a tocar la que salta más alto, le dijo Lucrecia en secreto. Elisa sintió la voz caliente en la oreja y sonrió. Mejor escapémonos, le contestó. Lucrecia no dijo nada, pero asintió y le apretó la mano. Se escaparon al molino y treparon. Se veían casas y cercos y árboles y piletas y un camino lejos. Elisa le pasó el brazo sobre los hombros a Lucrecia, y miraron la casa de Alix y a las chicas que jugaban al juego de la llave en la galería. Parecían manchas blancas moviéndose sobre el pasto. Elisa y Lucrecia se miraron. A la vuelta volvieron a sentarse juntas. Lucrecia se apoyó sobre ella y se durmió. Elisa miraba por la ventana y escuchaba la canción que pasaba por la radio. Se llamaba Eternal Flame. Cuando llegara iba a pedirle a su mamá que la anotara en clases de ballet.
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Tuesday, October 07, 2008
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Thursday, October 02, 2008
Monday, September 29, 2008
a pedido del público
en nuestra fiesta tocaron:
fat esteban con juanjo pedregosa
el pelos
josé ángel
cerraron:
los laringectomizados de león
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Tuesday, August 26, 2008
superaventuras de la gente que se resiste a pagar las facturas a tiempo
El agua es perfecta. Y esto importa porque me cuesta regular la temperatura, experiencia que todo poseedor de calefón conoce bien. El agua es perfecta y me congratulo y me lavo el pelo y siento las canaletas por la espalda, huelo el jabón nuevo y cuando me agacho estiro las manos para que se estiren las vértebras. Me pegan las gotas entre los omóplatos. La luz del candelabro suaviza los límites de las cosas. Yo miro las velas a través de la cortina transparente, y me miro los hombros y los brazos que cambian también bajo esa luz, cambia el color de la piel, las gotas no se ven tan claras. En los rincones hay sombras y en las cosas hay sombras también, que se mueven cuando parpadean las velas. Las cintas que cuelgan de la cortina hacen repentinos movimientos temblorosos, y a medida que sube el vapor dulce la luz se hace más pareja. Me paso las yemas de los dedos por la cabeza y me imagino que estoy en la peluquería y manos buenas me lavan amorosamente el pelo. Abro la crema enjuague y suena el portero. Cierro la ducha. Hace frío. Escucho. Suena otra vez, y es en casa, no hay dudas. Trato de no patinarme en los charcos y atiendo con la mano mojada. -¿Hola? -Señora (ohdiosmío. Señora. Todavía no, por favor) de Edenor, para reconectarle el servicio. (oh) -¿Tengo que bajar a abrirte? -No, no, ya lo arreglo acá con el portero. En cinco minutos le vuelve la luz. -Ah, bueno. Te agradezco mucho. Vuelvo a mi baño florido. Cierro la puerta despacio para no apagar las velas y me meto en la ducha tiritando. Sospecho que perdí la regulación para siempre pero no, abro y es la temperatura perfecta, como si no hubiera pasado nada. Nos reencontramos todos, las luces inestables, el agua caliente, el olor a jabón, las cintas y yo, todos felices como si la separación hubiera sido larguísima e intolerable. Ahora es el pelo otra vez, un lento proceso de desenredar con cuidado, de calibrar la crema, de enjuague riguroso. Las gotas me pegan en la cabeza y el la cara, las siento sobre los párpados, después va a tocar el scrub y el agua un poco más tibia, y ahora otra vez el jabón, que con la luz de las velas tiene más olor. Cuando se encienden las tres bombitas desaparecen las sombras de los rincones y las cosas recuperan la estabilidad. Los azulejos chillan, la luz rebota en la tapa del inodoro, en el giro del lavatorio y en el espejo anguloso. Hay un azulejo quebrado. Las cintas están quietas. Nada tiene olor a nada. Las cuatro llamas derrotadas son ridículas en su candelabro barroco, que queda ridículo sobre la madera del inodoro. Cierro la canilla y corro la cortina. Me estiro. Apago la luz. Cuando me envuelve la toalla volvemos a ser hermosos en la penumbra dorada.
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Monday, August 11, 2008
Tuesday, August 05, 2008
Sunday, July 27, 2008
Sube desde el río aunque el río está lejos. Empuja el carro verde con la escoba cruzada al medio. Las señoras que pasean perritos lo miran. En las veredas los encargados lo miran. Las mujeres que vuelven del gimnasio lo miran. Los chicos que vuelven del colegio lo miran cuando pasa empujando el carrito. Lo miran y le sonríen los tres que van caminando con las guitarras en la espalda. Lo mira la señora encorvada que vuelve despacio del chino. Mei y Su también lo miran, debajo de sus gorros cuando salen afuera a charlar un rato mientras Mei fuma un cigarrillo. Lo mira Laurita cuando sale con los patines, si terminó la tarea (una vez Laurita me tocó el timbre porque tenía que hacer una encuesta sobre hábitos alimenticios). Lo miran las mujeres meticulosas que llenan de espuma las veredas y que en verano hacen arcoiris que pisás con las ojotas. Lo mira Ismael antes de subirse a la bici. Lo miran Jorge y Romi que suspenden un instante el pedido que le están haciendo al chico de
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Monday, July 14, 2008
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Sunday, June 29, 2008
chaos clocks watermelons
Entonces vamos a ver i’m not there y me enamoro de cate blanchett, nos enamoramos todos, excepto en la parte en que están con allen hablándole a jesuschristsuperstar upthereonthecross y cate grita do your tricks man! pero mueve demasiado las manos, ahí nos desenamoramos porque mueve demasiado las manos, pero el resto oh los árboles oh los trenes oh la luz a la tarde en el auto despacio porque estaba nevando y de repente hubo luz porque se corrió una nube o algo que iluminó los árboles blancos, las ramas blancas, avanzábamos despacio porque estaba nevando, pero cuando salió la luz desempañamos la ventana fría a través del guante, todo despacio en cámara lenta, habíamos coordinado los días libres y nos íbamos a san francisco oh man con flores en el invierno y después salió el sol y empezamos a ver más cosas verdes y queríamos ir al mar, queríamos ir en auto hasta nueva york y ya no había nieve en los árboles verdes hasta que de repente a la noche cruzamos el puente y escuchábamos sumo y todos teníamos quince años o como máximo dieciséis y golpeábamos el techo del auto gritando now i love an argentinian girl oh hermano y comí el pan más sobrenatural de esta tierra sentada en los escalones de entrada de la ciudad china, sesenta centavos y caliente y relleno con algo que nunca había probado y pensaba que quería volver a esa ciudad y quedarme para siempre aunque hiciera frío y en el baño que nos toca haya jeringas y no querramos wanna go there, y en la ciudad está maxi que nos atiende en bolas a las tres de la mañana y disculpá, disculpá, no sabía que había una chica pero todo bien porque después apareció en cuero con chancletas azules y el mate y al día siguiente nos presentó a su novia de diecisiete años que tenía el pelo violeta y se sabía la formación entera de rosario central aunque era de boca y de louisiana y no sabía hablar castellano entonces le traducíamos y fuimos al mar y sacamos placas memorables para tapas de discos y pasamos muchas horas filmando el parque y a will que daba vueltas en la bicicleta con un equipo de música atado a la campera de cuero. y nos enamoramos de las hojas amarillas también porque en el otoño íbamos a los parques a cagarnos de frío y a escribir pésimos haikus mirando las hojas amarillas en un cuadernito donde anotábamos frases memorables como beauty walks a razor’s edge y cast your dancing spell my way I promise to go under it y she’s a hypnotist collector you are a walking antique, felices porque ya no sufríamos tanto arriba del colectivo llorando con el gran bobby pensando que de verdad no íbamos a poder salir de ahí nunca. entonces si vamos al cine cómo no nos vamos a enamorar de cate.
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11:19 AM
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Friday, June 27, 2008
Wednesday, June 25, 2008
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10:30 AM
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Labels: science of sleep
Wednesday, May 21, 2008
ven a mi casa suburbana 5
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